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“Los kirchneristas son los únicos que en vez de hacer un retiro en un convento hacen un depósito”. Macri parece hombre de suerte. De suerte envidiable. Como señalaba el viernes pasado Fernando Laborda en “La Nación”, antes del cinematográfico y simbólico episodio de un exministro de doce años de gestión -hombre de entera confianza del matrimonio Kirchner y comprometido a fondo con el “proyecto”, como suele decirse- lanzando fundas de millones de dólares en la madrugada al patio de un convento de monjas, el presidente argentino experimentaba la resaca de sus últimas medidas.

Inflación, aumento de las tarifas e inseguridad por temor a despidos tienen el poder de hacer olvidar al culpable de los males y descargar el mal humor y la frustración en el mandatario actual.

La detención de José López, ‘Josesito’, exsecretario de Obras Públicas, dentro del convento, explicando atropelladamente a las monjitas de avanzada edad que les entregaba dinero para que ellas hiciesen “buenas obras”, pareció confirmar el viejo dicho de que “contra los hechos no hay argumentos”. Surgido de la madrugada en el Gran Buenos Aires, el hombre de confianza había lanzado diez millones de dólares, más euros, yuanes y una colección de relojes de alto precio que, como recordaba Carlos Pagni, “es la relojería preferida por los jueces federales”.

En realidad, Macri no es un hombre de suerte. El sistema K fue omnipotente mientras estuvo en el poder. Su omnipotencia exige el cinismo con que se ejerció y su diseño sistémico. Y su caída. La corrupción en el kirchnerismo no fue un problema de conciencias individuales que se dejan tentar por el dinero y se vuelven millonarios en un día, sino de un diseño de poder que actúa para perpetuarse necesariamente y que se opera en todas las instancias del Estado, la obra pública en el caso de López, donde manejaba licitaciones millonarias para carreteras, pavimentación, hospitales, luz eléctrica, y así controlaba gobernadores e intendentes.

“Andá a verlo a Josesito, que él se va a ocupar de lo tuyo”, dizque recomendaba Néstor Kirchner. (O)

Tomado de diario Expreso